El altramuz, el astronauta y la rana: cómo aplicar los pequeños grandes detalles de Salamanca en tu estrategia de marketing

“En un clavo, o en las pequeñas montañas de arena y cal y añil, está contenida nuestra catedral. Qué importantes son las cosas pequeñas”.

Ya sabéis lo que pasa con la cabeza y sus pensamientos. Te vas de fin de semana a relajarte en lo profesional y sumergirte en la paz de paseos sin reloj, conversaciones de sonrisa permanente y frases sinsentido que solo suenan de tu boca en la más sólida de las confianzas.

Y llega ella como todas las grandes aventuras, de repente y sin avisar, y fusiona las emociones con la razón y el sábado con el miércoles.

  • “Añil. Importantes. Pequeñas. (…) Detalles. Historias. Personas. Las claves del storytelling (…) ¡No! El lunes volveré a usar esa parte racional. Ahora, sigamos aprendiendo sobre música y dejándonos llevar.

No sabíamos muy bien qué hacer aquella mañana, pero antes de darnos cuenta nos estaban llevando en volandas hacia la Torre del Gallo. En la sala contigua a la que finalmente sería la mejor panorámica del viaje, nos topamos -casi tropezamos- con una caja. Era, según rezaba su minúsculo panel, un arca de votaciones del siglo XVIII: dos cerraduras, un haba y un altramuz. Antes de que haba pasase a significar “no” y altramuz “sí”, los recuentos de las sesiones del Cabildo eran mucho más que sencillas: solo tenían que coincidir continente y contenido.

  • Menos recursos, mismo resultado. Optimización en su significado más práctico. Original, útil y valioso. (…) Sábado, sábado, sábado. Me lo repito como un mantra curativo para diluir las métricas que ya se dibujaban en mi mente.

Nos tumbamos a dejarnos acariciar por el césped y a adivinar formas irregulares en la luz de un cielo azul Salamanca. Corre brisa en el claustro de las Dueñas, pero de esas agradables que no llegan a despeinar, ni a hacernos despertar de la hipnosis con la que nos seduce el entorno. Y jugamos a ser de nuevo dieciochoañeros embravecidos, pero solo de pensamiento. ¿Te acuerdas? ¿Podrías hacerlo ahora? ¿Volverías, renunciando a todo lo que tienes?

  • Regresar. Evocar. Preguntar. Saborear de nuevo. Sentir. Hacer sentir. Emocionar. (…). Ay… oro puro en marketing de contenidos.

cielo y nubes

Avanzamos hasta alcanzar a un grupo de cinco decenas de turistas dirigidos por un guía de aspecto bonachón, que pronuncia un discurso metódico, ralentizado, casi antinatural. No prestamos atención a sus palabras, hasta que notamos cierta indignación en su tono en una frase que más tarde sabríamos que no era de él, sino de Unamuno. “No es lo malo que vean la rana, sino que no vean más que la rana”.

Y entonces lo entendí. Antes de llegar a Salamanca había oído hablar de la rana, del pobre hijo de los Reyes Católicos y del astronauta, claro.

  • Juego. Aliciente. Competición. Diversión. Reto. Recompensa. (…). Pero ¿qué es esta maravilla?. ¿Soy yo, o esta ciudad contiene esas claves que repetimos una y otra vez en nuestras estrategias?. Desisto en mi intento por escapar de lo evidente y dejo que el resto del viaje me envuelva entre sus reiteradas señales de que nuestras realidades del día a día son inseparables.

No hay detalles sin historia

Somos humanos, tenemos necesidades ancestrales y Sherezade lo sabía. Nos encanta que nos cuenten historias y que nos impliquen en ellas, ser partícipes y dejar que nos emocionen. También demostrar que valemos, que somos capaces de disfrutar de un reto y de superarlo y, si es antes que otras personas, la sensación es aún más gratificante. En nuestro afán por absorber conocimiento, somos fisgones por naturaleza, y si nos ponen fácil el acceso a una chispa que encienda nuestra curiosidad, caeremos en la tentación de conocer cómo es el final de la mecha.

Queremos encontrar al astronauta y a la rana, mientras disfrutamos casi inconscientemente de la compañía, del horror vacui y de la incontable belleza de Salamanca. Y de nuestro yo que añoramos pero que nos sigue y seguirá acompañando a pesar de nuestra felicidad.

Ya de vuelta a casa, una vez alcanzado el final, intercambiamos las mejores fotos, nos deseamos una feliz semana y sentimos que algo nos quedará en el recuerdo para siempre. Serán los pequeños grandes detalles: la arena, la cal, el añil, la nostalgia, el altramuz, el haba, la rana y el astronauta los que harán de aquel viaje una experiencia a la que volveremos de vez en cuando, como esos niños incansables que vuelven a por más cosquillas.

Y por supuesto, comentaremos aquellas palabras al recordarla:

“No hay historia sin detalles. No hay detalles sin historia”.

Esta vez sin citar a Unamuno, aquel guía sabía que, tanto en el mundo real como en el digital, seguimos siendo humanos con necesidades ancestrales.

panoramica

 

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